![]() |
| Apóstol Dr. Gabriel Sánchez Velázquez y sus nietas Joselyn y Sharon trepados en un elefante de verdad. |
La ONU ha establecido el Día Internacional de la Niña, con la finalidad de romper el ciclo de
discriminación y violencia, así como para promover y proteger sus derechos
humanos.
Moisés escribió el Pentateuco hace tres mil quinientos años pero,
allí ya se habla de DERECHOS HUMANOS. Dice Deuteronomio 10.17-19: “Porque
Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso
y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia
al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido.
Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de
Egipto”
La UNICEF en México ha expresado su preocupación por
la situación de desigualdad, violencia y discriminación que enfrentan millones
de niñas en el país.
En este primer Día Internacional de la Niña se
planea combatir el matrimonio temprano y sus causas.
Ya que en México el Censo de Población y Vivienda
2010 arrojó que 0.06 por ciento de las niñas de 12 años de edad, han tenido al
menos un hijo, la mayoría de ellas provienen de zonas rurales.
La Federación de Iglesias Cristianas
Evangélicas de México A. C:, expresa su determinación de ser voz profética en
esta área fundamental de la vida de nuestra sociedad.
Y tiene una primera aportación de
carácter práctico.
Nuestros legisladores, deben revisar
con urgencia y con objetividad, nuestras leyes actuales, ya que por ser en
algunas áreas parches sobrepuestos, caen en contradicción.
Consideremos algunos conceptos en
conflicto.
![]() |
| Muchas de estas niñas a lo más que pueden aspirar si vinieran a una ciudad, sería trabajar en quehaceres domésticos y muy mal pagadas. |
Una constante en los estudios y la literatura indígena es el lugar
central de la comunidad, tanto en su vida cotidiana como en su cosmovisión.
Diversos antropólogos situaron la comunidad en el centro de sus estudios sobre
Mesoamérica comenzando en los años treinta, y han seguido con este enfoque. Sin
embargo, no todo el mundo está de acuerdo en sus interpretaciones básicas de lo
que es la comunidad indígena, ni mucho menos en sus orígenes, su historia o su
futuro.
Floriberto Díaz, antropólogo mixe de Tlahuitoltepec y dirigente del movimiento indígena en Oaxaca hasta su muerte en 1995, define la comunidad “para nosotros, los propios indios” como:
Floriberto Díaz, antropólogo mixe de Tlahuitoltepec y dirigente del movimiento indígena en Oaxaca hasta su muerte en 1995, define la comunidad “para nosotros, los propios indios” como:
un
espacio territorial, demarcado y definido por la posesión
|
|
una
historia común, que circula de boca en boca y de una generación a otra
|
|
una
variante de la lengua del Pueblo, a partir de la cual identificamos nuestro
idioma común, una organización que define lo político, cultural,
social, civil, económico y religioso.
Quienes
estamos integrados a una sociedad urbana como los que vivimos en el Distrito
Federal, tenemos serias dificultades para entender el modo de pensar, actuar
y reaccionar de la gente indígena.
|
|
Antropólogos
mexicanos y dirigentes indígenas han destacado los aspectos del sistema de
cargos y los sistemas normativos indígenas que constituyen una defensa de los
pueblos indios contra la asimilación de sus culturas y que permiten el
desarrollo de mecanismos comunitarios de solidaridad. En muchas comunidades
el sistema de cargos refuerza la solidaridad entre familias y vecinos, ya que
éstos tienen que asumir una parte del trabajo cotidiano del carguero. Varios
estudios y testimonios resaltan la manera en que el tequio funciona como un
mecanismo de sobrevivencia de la misma comunidad. En San Pablo Yaganiza,
Oaxaca, el equipo del Comisariado de Bienes Comunales expresó: "Los usos
y costumbres no los inventamos nosotros pero, eso sí, gracias a esta
normatividad sobrevivimos. Ciento veinte hombres dan su tequio gratis. Sería
un dineral para el gobierno pagarles... Claro que nos afecta la carestía, el
maíz no basta, pero no tenemos deudas, tenemos un pueblo alumbrado, y tenemos
nuestra tortillería. El apoyo mutuo dentro de la comunidad, los tequios y las
cooperaciones de los comuneros son fundamentales..."
El
ejemplo muestra la manera en que los usos y costumbres compensan el
incumplimiento del gobierno en tareas básicas de infraestructura y bienestar
en las comunidades indígenas.
Desde la perspectiva legal, Teresa Sierra afirma el papel de los sistemas normativos indígenas en la sobrevivencia cultural, y en esta esfera también argumenta su relevancia para compensar las carencias y inadecuaciones del sistema nacional de justicia en las comunidades indígenas. Frente a las acusaciones de primitivismo, ella insiste en la fuerza y centralidad de los usos y costumbres: "El reconocimiento del sistema normativo indígena implica reconocer los espacios jurisdiccionales que han ido funcionando de facto, y clave de la sobrevivencia de las comunidades y pueblos indígenas. La fuerza de los sistemas normativos ha servido para canalizar tensiones internas y manejar vínculos con el exterior, reforzando así, un sistema nacional de justicia incapaz en sí mismo de atender a los asuntos comunitarios." Ella concluye: “El reconocimiento de los sistemas normativos indígenas contribuiría a fortalecer la sociedad, la cual al asumir un carácter multicultural real abre la posibilidad de contrastar y enriquecer su sistema jurídico en la perspectiva de construir un orden legal plural.
En este
caso, Díaz habla de que en ellas participan hombres y mujeres. No siempre es
el caso. En Oaxaca, por ejemplo, en 314 de 412 municipios que se rigen por
usos y costumbres (76.2%) las mujeres votan en las asambleas. En 18% de los
412 municipios las mujeres no tienen el derecho de votar y en el resto no hay
datos claros. Existe aquí una amplia gama de formas de participación: en
algunas comunidades las mujeres asisten a la asamblea pero no pueden votar,
en otras pueden asumir cargos pero no votar en asambleas, en algunas más las
decisiones sobre la votación se toman entre la pareja en la casa y el marido
vota, y en otras las mujeres están excluidas de prácticamente todos los
niveles de participación política formal.
Hablando
de las iglesias cristianas evangélicas, las Pentecostales han tenido mayor
éxito que las presbiterianas que se gobiernan por un sistema de ancianos
gobernantes, figura gubernamental ajena a los indígenas; ya que
entre ellos la participación directa en las asambleas es vital, y en muchos
sentidos hay grupos pentecostales con una situación similar en su gobierno.
Pero el
meollo de esta FEDERACIÓN tiene que haber con la ambivalencia de
normatividad.
Por un
lado se trabaja para que sean reconocidos y respetados los usos y costumbres
de los pueblos indígenas, pero por el otro, se lucha porque se respeten los
derechos humanos de las mujeres, y ahora particularmente de las niñas. ¿Cómo
resolvemos este problema?
A
nuestro juicio, los usos y costumbres deben sujetarse a una legislación
mayor, en el caso de México, todo cuanto se ajuste a la Constitución debe
propagarse, todo cuanto contradiga la constitución debe menguarse
por varios mecanismos, principiando por el trabajo de las instituciones
gubernamentales y las iglesias cristianas evangélicas para hacerle ver al
indígena la conveniencia de cambio en favor de su propia familia.
Más aún
ahora, cuando México ha firmado varios tratados internacionales que tienen
que ver directamente con la defensa de los derechos humanos.
Sería
un gran acierto del Gobierno Federal entrante, si se elabora un catálogo de
los diferentes usos y costumbres de los pueblos indígenas, y se les analiza a
la luz de la Constitución y los Tratados Internacionales de Preservación de
los Derechos Humanos, y así, se señala desde el punto de vista
jurídico, cuáles de dichos usos y costumbres atentan contra los derechos
humanos y deben ser menguados de nuestras comunidades indígenas.
Son
complicados los problemas, pero no poco urgentes. Pablo González Casanova
escribe: “El Estado latinoamericano no puede concebirse sin una sociedad
multiétnica, ni la construcción de una democracia popular nacional puede
dejar de representarla y expresarla. La participación representativa y
democrática en Latinoamérica, para ser auténtica, debe incluir y representar
a las antiguas poblaciones de origen colonial y neocolonial como autónomas y
formadas por ciudadanos a cabalidad o nunca será democrática”
No
podemos seguir tolerando que una niña de once o doce años sea vendida por sus
padres a quien la codicie para que la haga su mujer por la fuerza; y decir
que somos defensores de los derechos humanos. O ¿usted qué opina?
|


No hay comentarios:
Publicar un comentario